Limón Tucumano: Aventuras y Desventuras de una Revolución

 

A la larga el crimen no paga; sólo la honestidad es rentable. Frente a la turbia moral y la piratería de los competidores, la industria tucumana del limón se afirma en la ventaja comparativa de la inteligencia y honestidad que fructifican en su suelo. 

*Publicación original: Siglo XXI, 2 noviembre 1997

 

 ¿Por qué los japoneses están tan interesados en el limón tucumano? Las megaempresas japonesas Mitsubishi (División Alimentos ) e Itochu son unos de los más grandes compradores del jugo puro de limón que produce Tucumán; y Tucumán es uno de los productores más importantes del mundo. Los argentinos en general y los tucumanos en particular no sabemos valorar las excelencias creadas por nuestros connacionales o comprovincianos; hace falta que alguien venga desde afuera para que nos enteremos de la calidad de los bienes y servicios creados por nuestros prójimos más próximos. Es el caso de nuestro limón, que recibe el espaldarazo de Japón, quien, se sabe, de comercio e industria sabe mucho.

Tucumán significa el 80 % del limón de Argentina. El año pasado el negocio argentino del limón sobrepasó los 110 millones de pesos; este año pasa los 151 millones de pesos. El sector limonero producirá este año más de 810 mil toneladas de limones y productos derivados; en el año 96 las 33 mil hectáreas habían producido 680 mil toneladas. SIGLO XXI informó recientemente que la producción de 1998 será aún superior.

Los principales países productores de limón en el mundo, en orden decreciente, son: EE.UU., Italia, España, Argentina y Turquía, que totalizan un 88 % de la producción mundial. Argentina es el mayor productor de limón del hemisferio sur y Tucumán, vimos, es el productor principal de la Argentina. Entre 1989 y 1993 Japón compró entre 5,7 y 10,5 millones de litros de jugo puro de limón para bebidas gaseosas, como saborizantes y para otros usos. Esta potencia económica mundial compra el 18% de los productos del limón a Tucumán; algo habrán visto en el limón tucumano para comprarlo aquí.

Pero, ¿cómo es que algo producido en Tucumán puede tener calidad para competir y triunfar en el exigente y competitivo mercado mundial de fin de siglo? Tengamos por cierto que, fuese lo que fuese, no es fruto del azar. Entonces, de qué semilla nació este generoso frutal provinciano. Hace 40 años Tucumán era sólo azúcar; hoy, por lo que se ve, también es limón… y el mañana, parece, será más limón que azúcar. Pero esta realidad promisoria no se viene gestando por arte de magia o por golpes de suerte. Tras ella hay empresarios que invirtieron en ciencia y técnica aplicada al sector; hay científicos competentes que estudiaron concienzudamente; hay técnicos que aportaron su pericia y sabiduría práctica… y hay una cantidad de hombres «anónimos» que regaron, cuidaron y cultivaron esta prodigiosa y pródiga planta.

En los años 50 el ingeniero Julio Martín Aguilar, analista de suelos, trabajaba en la Estación Experimental Agrícola «Obispo Colombres» de Tucumán. Desde allí trabó contacto con una empresa de fermentación de melaza azucarera y obtuvo un conocimiento valioso para el nacimiento de la industria del limón en Tucumán: los microorganismos comen melaza y la metabolizan como ácido cítrico. En esa época una multinacional de las gaseosas se instalaba en la Argentina y comenzó a invertir capitales en Tucumán para obtener aceite esencial del limón -uno de los insumos de su bebida-. Un empresario tucumano, a instancias del ingeniero Aguilar, arriesgó capital invirtiendo en fincas de limones y pagando estudios y experimentaciones en el sector. En los años 70, otra multinacional, introdujo máquinas industriales que permitieron extraer, el aceite del limón usado en las gaseosas, el jugo y otros derivados de la cáscara del limón. Esta nueva inversión de capital y del genio y el ingenio de los tucumanos, significó un salto cualitativo en estas revoluciones del limón tucumano. Pero aun no estaba dicha la última palabra en materia de la creatividad tucumana. En los años 80 el ingeniero Aguilar produjo jugo clarificado de limón y viajó a EE.UU. a ofrecerlo a una famosa bebida hecha a base de un compuesto químico artificial, el cítrico-citrato; en la compulsa del compuesto químico con el jugo natural clarificado de limón, venció este producto tucumano, naciendo una bebida que hoy se toma en todo el mundo, que ignora el valor agregado desde Tucumán.

 Luces y Sombras de un Buen Negocio

La investigación tucumana y la piratería empresarial internacional

– Cuando unos padres llevan a su hijo al pediatra por problemas estomacales o por deshidratación, le habrán recomendado una gaseosa hecha con ese jugo clarificado por el ingeniero Aguilar. Pero su jugo tenía una contra; rápidamente se enturbiaba, perdiendo su característica transparencia. A comienzos de los años 80 se abre otro capítulo del limón tucumano, con grandes luces y algunas sombras que enturbian algo más que el jugo de limón. En esos años se sumó al laboratorio de Aguilar, el bioquímico tucumano Manuel Marti Klyver, y con él  esta historia del limón tucumano gana una proyección mundial que los tucumanos culposamente no conocemos.

La guerra comercial desatada en la economía mundial es impiadosa y no se atiene a códigos éticos. Es una lucha sin cuartel, donde el fin de la maximización de las utilidades -legítimo fin de toda empresa- justifica apelar a cualquier medio, caiga quien caiga y cueste lo que cueste. No hace mucho los argentinos estábamos en el banquillo de los acusados por los grupos económicos norteamericanos por la cuestión de las patentes farmacéuticas.Brian Jenkins, un especialista en «transparencia en los negocios» y en temas de seguridad y corrupción, dijo recientemente que crece el delito en áreas  de alta tecnología como la de las industrias químicas y farmacéutica. Pues es el caso que el jugo clarificado de limón fue creado en Tucumán por el bioquímico Marti Kliver. Este inventó un procedimiento de ultra filtración que sumaba a un método biológico (enzimático). Para llevarlo a cabo se usaban dos insumos provenientes de EE.UU. (instrumental) y Francia (resina) respectivamente.

Durante doce años -de 1980 a 1992- se mantuvo en secreto esta fórmula… y hasta 1994 nadie conocía este método. Ese año una poderosa multinacional vendió un set de filtración en todo el mundo, copiando puntualmente del invento tucumano. Pero, a la larga sólo la ética paga. Esto es lo que nos enseñan estos empresarios, estos científicos y estos técnicos nuestros: marcan un norte para nuestro crecimiento. Y, más allá de luces y sombras, muestran que los buenos negocios requieren dos valores agregados: la inteligencia y la honestidad.

Lalo Ruiz Pesce

 

** Este articulo fue publicado originalmente  en la Sección Vida Buena del Diario de Yerba Buena.